Cuando lo que necesitas no encaja en ningún servicio estándar hay dos formas de contratarlo, y elegir mal es la causa habitual de que un proyecto a medida se tuerza.
Los servicios estándar cubren los problemas que se repiten. El problema que no se repite —el que tiene tu empresa por cómo trabaja tu empresa— no cabe en ningún catálogo. Para eso está el desarrollo a medida: diseño e implementación de pipelines de IA para un caso concreto.
Y ahí aparece la primera decisión, que no es técnica sino de contratación.
Dos formas de contratar
Hay dos: sprint de alcance cerrado o consultoría por hora. Los sprints arrancan desde 2.650€ en pago único. La consultoría por hora tiene tarifa única de 100€/h. El mantenimiento mensual es opcional en ambos casos.
No son dos precios del mismo servicio. Son dos maneras distintas de repartir el riesgo, y por eso importa elegir bien.
Cuándo el sprint cerrado
Cuando sabes qué quieres que exista al final. No hace falta que sepas cómo se hace —eso es mi trabajo— pero sí qué tiene que estar funcionando cuando acabe.
Ejemplos de encargo bien definido: "que los pedidos que entran por email acaben en la hoja de cálculo con estos campos", "que cada noche se genere este informe y llegue a estas tres personas", "que este proceso manual de dos horas se quede en una revisión de diez minutos".
Los sprints van por tamaño: simple de 3 a 5 días, medio de 1 a 2 semanas, y complejo de 3 a 4 semanas. El tamaño lo determina el alcance, no las ganas.
La ventaja del sprint es que el riesgo de que el trabajo se alargue lo asumo yo. Si tardo más de lo previsto, el precio no cambia.
Cuándo la consultoría por hora
Cuando todavía no sabes qué quieres que exista. Y esto no es un defecto: es una fase legítima de muchos proyectos.
Casos típicos: hay que auditar lo que ya tenéis antes de decidir nada; hay que probar si una idea es viable antes de comprometerse; el equipo necesita apoyo puntual sin que haya un entregable definido; o hay que acompañar una migración que va a durar y no admite alcance cerrado.
La ventaja es que no pagas por definir de más. La contrapartida es que el riesgo de duración lo asumes tú.
El patrón que casi siempre funciona
Empezar con unas horas de consultoría para acotar, y salir de ahí con un alcance de sprint escrito. Suele ser lo más barato de las dos opciones, aunque parezca que añade un paso.
El motivo: un sprint con el alcance mal definido acaba en discusión sobre qué estaba incluido, y esa discusión cuesta más que las horas de acotarlo bien. Un presupuesto cerrado sobre un problema difuso no es un presupuesto cerrado, es un malentendido con fecha.
Lo que no encaja en ninguna de las dos
Un encargo sin nadie al otro lado. Un pipeline a medida toca los procesos de la empresa, así que hace falta alguien que conozca esos procesos y pueda decidir. Si nadie tiene tiempo para eso, el proyecto se atasca sin importar cómo se haya contratado.
Es la razón más frecuente por la que un desarrollo a medida se tuerce, y no tiene nada que ver con la tecnología.
Por qué existe este servicio
Porque el catálogo estándar es la punta de lo que se puede automatizar. Chatbots, autoblog, audio a libro y webs cubren necesidades comunes. Lo que queda debajo —el cruce de datos raro, el informe que solo tiene sentido en tu sector, la integración con ese programa antiguo que nadie quiere tocar— es donde suele estar el tiempo que de verdad se pierde. Ahí no hay producto de catálogo; hay que diseñarlo.
Qué se entrega al final de un sprint
Un sprint cerrado no termina con una demo. Termina con algo funcionando en tu entorno y con la documentación mínima para que otra persona pueda mantenerlo: qué hace, dónde vive, qué pasa si falla y cómo se arranca de nuevo.
Insisto en la documentación porque es lo primero que se recorta cuando un proyecto va justo de tiempo, y es lo que convierte un sistema útil en una dependencia. Un pipeline que solo entiende quien lo construyó es un problema aplazado.
El mantenimiento opcional, y por qué es opcional
El mantenimiento mensual existe y no es obligatorio. La diferencia entre las dos situaciones es concreta: con mantenimiento, cuando algo externo cambia —una API se actualiza, un formato de entrada cambia— alguien lo detecta y lo corrige. Sin él, el sistema sigue funcionando hasta que algo de fuera se mueve, y entonces hay que llamar.
Para un pipeline que depende de servicios externos, el mantenimiento suele compensar. Para uno que solo mueve datos entre sistemas tuyos, muchas veces no hace falta.
Una advertencia sobre automatizar procesos rotos
La tentación de todo proyecto de automatización es coger el proceso actual y programarlo tal cual. Suele ser un error: si el proceso manual tiene tres pasos que existen solo porque alguien los hacía por costumbre, automatizarlo te deja un sistema que hace tres cosas inútiles muy deprisa.
Antes de automatizar merece la pena preguntar por qué existe cada paso. Es habitual que ese repaso reduzca el alcance del encargo, y por tanto lo que cuesta. Prefiero esa conversación al principio que un sprint más grande de lo necesario.